Cada vez que muere un voto

Democracia: Doctrina política según la cual la soberanía reside en el pueblo, que ejerce el poder por medio de representantes elegidos por sufragio universal. (Real Academia Española © en su avance de la vigésimo tercera edición)

No afrontamos nuestra condición con dignidad, no defendemos nuestra posición de privilegio, no nos merecemos nuestra libertad. La culpa es solo nuestra si no defendemos nuestro derecho siempre habrá alguien dispuesto a humillarlo; el problema reside en que siempre esperamos que un ángel vengador lo defienda. Ninguna persona tiene el poder, el poder es nuestro y nosotros nombramos a los administradores; ADMINISTRADORES, y nadie puede usurpar nuestro legítimo derecho a encomendar este a quien creamos conveniente. Pero dejamos que quien es agraciado con este honor confunda su papel, su lugar como fabricante de soluciones para los problemas de todos, su lugar como brazo ejecutor de la fuerza descomunal que posee un pueblo, cuando el pueblo es uno y habla en la voz de muchos como una sola voz. Y el voto es nuestro acto de poder, nuestro grito, nuestro puñetazo en la mesa y patada en el trasero; y todo resumido en un trozo de papel….. ¿no es grandioso?
No existe política en nuestro país; el menosprecio de las ideas externas solo envilece al sujeto, al político. De la confrontación de las ideas opuestas debe manar el sustento del vergel en el que florecerá el bien común, es en ese lugar de turbulentas ideas y paradojas donde lo mejor del hombre podrá florecer. La villanía del vilipendio al contrario y sus equivocaciones, y la infalibilidad de su efectividad electoral, nos convierte en adalides de nuestra propia destrucción, en cabezas de lanza del fin de la paridad.

–Un hombre un voto, un voto un sueño y con los sueños un futuro

Barahúnda

A tantos días de ruido estamos que no te puedo ver; cuanta vocería hay encima de tantas palabras vacías, de todo cuanto vale la penar llevar. Y todo cuanto vale la pena cargar, cabe en un bolsillo. El ruido que nos separa aunque estemos casi en el mismo sitio, la distorsión de las miradas, que buscan el infinito. El sonido del corazón que se olvidó de amar de tanto ruido, el caos de mis entrañas que ya no soy yo de tanto ruido. El alboroto de tus palabras, que aunque a veces oigo lo que dices, solo entiendo ruido. El alboroto que no te deja ver lo importante que es vivir sin ruido, desorden en la barahúnda; ruido sucio, ruido limpio, suciedad con ruido y en ese ruido solo el laberinto.
Con tanto estruendo nos olvidamos de como era el sonido; pero ya es tarde, solo quedó la nada, la calma tras la furia acabó en el vacío.

— El silencio es necesario para escuchar las cosas importantes. Lo importante pasa como un susurro, hay que estar atentos para escucharlo.